

Algunos de mis entrenadores me decían constantemente que yo sería uno de los suyos, y de los buenos. Conocía el deporte, sabía que hacer en cada momento, tenía soluciones siempre a mano y no me molestaba tomar decisiones en los momentos más ásperos de los partidos.
Entre pequeñas discusiones, las vacaciones de los jugadores y otros temas sin importancia comenzamos la temporada 2003/2004 con algo de retraso. La base de los jugadores era la misma que la del año anterior salvo las significativas bajas de Manolo Iglesias (pívot titular el año anterior) y Ramón (alero titular el año anterior). Si bien hubo algunos juveniles y otros jugadores de la zona que se acercaron las primeras semanas, ni bien llegaron los primeros fríos nos quedamos solos. Los de siempre.
Un base (Chico), 2 pivots (José Manuel y Jacob), 3 aleros (Esteban, Luis Enrique y Alfredo). Más un base suplente (Romario). 2 o 3 juveniles para completar la plantilla. Nunca fuimos más de 8. Entrenamientos con 5, 4 o 2 jugadores era lo normal. Esto nos traía aparejado una desventaja y una ventaja. La negativa era que no podíamos entrenar cosas grupales, defensas presionantes, zonas e incluso se dificultaba la marca hombre a hombre con ayuda. Lo bueno era que mejoramos mucho en la parte individual, tanto en ataque como en defensa. Los elementos eran los mínimos imprescindibles, 6 o 7 pelotas, algunos conos, una pista descubierta y una férrea voluntad por parte de los chicos para entrenar en invierno al aire libre y en horas muy tardías.
El objetivo primordial era clasificarnos para jugar la fase para el ascenso. Nos habíamos quedado en la puerta el año anterior, ganando luego los 6 partidos de la fase del descenso. Sinceramente, pocos confiaban en que lo lograríamos.
Pensábamos jugar hombre, haciendo hincapié en no cometer faltas ya que éramos muy pocos. Con el correr del tiempo (en realidad era para poder atacar la zona 2-1-2 que no sabían atacarla correctamente) fuimos practicando diversas zonas y algunas se nos daban muy bien. Pero lo que creo que mayor resultado nos dio fue la escasa cantidad de faltas que cometíamos y lo que terminaba de volcar el partido a nuestro favor eran las defensas combinadas (4 en zona y 1 hombre, o 3 en zona y 2 en hombre).
Para jugar la primera categoría provincial nuestro equipo necesitaba al menos 2 jugadores más, algún base de reemplazo para Chico y algún pívot de altura y con gol. También podríamos haber necesitado un tirador porque solo contábamos con Luis Enrique.
Entrenamos los días lunes y miércoles de 21.30 a 23 horas. Las condiciones no eran las ideales, tenía que viajar mucho pero había un ambiente entre los chicos que me animaba cada día pensando que no podía dejarlos (situación que me planteé varias veces), también quería saber si era capaz de hacer algo importante con ellos.
Todos ellos coincidían que yo había llegado demasiado tarde a sus vidas. Para mí fue una experiencia maravillosa, convertir a pequeñas individualidades en un gran equipo. Seguramente no lo olvidaré tan fácilmente.
En la segunda quincena de septiembre comenzamos los entrenamientos. Los jugadores venían de las vacaciones y tuvimos que hacer un suave acondicionamiento físico y técnico para ponerlos a tono nuevamente. No había mucho tiempo, ni en horas ni en días. Básicamente trabajamos todos los fundamentos y fuimos incrementando la intensidad a medida que los jugadores iban respondiendo. Como dije al comienzo, en estos días había muchos jugadores. Algunos no me interesaban, otros desaparecieron cuando la intensidad comenzó a ser importante. Tampoco me importaban.
La temporada anterior comenzamos con un amistoso en Coria. Nos ganaron 66 a 36, una vergüenza. Para este año nos llamaron nuevamente. Creo que ellos querían repetir la goleada. El 11 de octubre 2003 les ganamos 94 a 64 en su cancha. Les devolvimos la vergüenza y nos ilusionó. Luis Enrique (nº 6) 29 puntos, Chico 21 (nº 7) y Alfredo (nº 9) 18 fueron los mejores.
Debíamos comenzar contra Optica Mendaro de Lebrija pero se suspendió por lluvia. Al igual que la mayoría de nuestros entrenamientos, sólo podíamos hacer algo de físico en un pequeño gimnasio.
Primera semana. Partido contra Abato.
No sabíamos nada de este rival. Sinceramente me siento más cómodo cuando sé algo por haberlos visto. Habíamos trabajado y repasado nuestras jugadas del año anterior, tanto en ataque como en defensa. La intensidad de los entrenamientos físicos nos dejó un poco duros y contraídos, además un poco faltos de baloncesto. Jugamos el 25 de octubre de 2.005. El primer cuarto lo ganamos y nos confiamos, luego ellos fueron creciendo y ya no los pudimos alcanzar más. Nosotros muy mal. Encima Esteban (el nº13) estaba lesionado, al igual que Caraca (el nº 11). No era ésta la mejor forma de empezar si queríamos hacer algo bueno este año.
Segunda semana.
El 1º de noviembre jugamos contra Natación. Nos habían adelantado que era un equipo nuevo con muchos jugadores traídos de otros clubes. Marcaban hombre, presión toda la cancha y una buena zona 1-3-1 que llamaban “azul”. Ésta es mi zona preferida para marcar y siempre la quise poner en práctica pero por los problemas mencionados anteriormente (falta de jugadores en los entrenamientos), nunca lo pudimos hacer. Seguíamos con pocos jugadores. Nos fue imposible parar al 14 de ellos en el primer cuarto hasta que entró Romario (nº 8, primer año de seniors) para marcarlo más de cerca. 80 de los 81 puntos los convirtieron los titulares. Con Luis Enrique con 23 y Jacob (nº 4) con 20, fueron los goleadores. Tuvimos un 60,71 % en lanzamientos de tiros libres, una asignatura pendiente del año anterior.
Tercera semana.
Se suspendió el partido contra Maristas, y pasamos al partido contra Gelves el 8 de noviembre de 2.003. Había visto a nuestros rivales en un partido contra Coria y tenía una buena dinámica, corrían y marcaban muy bien, tiraban de 3 muy bien y eran varios los jugadores que lo hacían. Realmente, como ya se comentaba, era un serio candidato a ascender.
Cuando llegamos al estadio el escenario era diferente, se intuía que habría mucha gente, lo que no pasa en muchos clubes en esta categoría. Y no me equivoqué. Mucha gente, mascota, bailarinas y un equipo muy equilibrado y con gran cantidad de jugadores “disponibles”. Lo que no me esperaba era lo que vendría después. Un ruido ensordecedor que no me permitía ni hablar con mis jugadores, una presentación de jugadores al comienzo del partido que duró 7 minutos, luces apagadas y antes que pudiéramos decir algo, empezó el partido. Partido?, es una forma de decir. Nos barrieron de la cancha. De 25 a 16 al final del 1º cuarto pasamos a 57 a 36 al término del 2º cuarto. No lo hacíamos mal en ataque (menos mal) sino que no marcamos a nadie. Desastre, paliza. En el entretiempo no pudimos entrar en calor porque había un partido de minis, cuando pedimos más tiempo me dijeron que no. Y ahí comencé una estúpida discusión con uno de los árbitros que terminó con mi expulsión. Nada ni nadie podía cambiar el curso del partido. No nos ganaron, nos apabullaron. 3 partidos, 2 derrotas. Bonita forma de comenzar para un equipo que pretendía mucho más.
Cuarta semana.
El miércoles 12 de noviembre nos enfrentamos con Optica Mendaro, Lebrija, quienes nos ganaron el año anterior. Los infortunios continuaban en nuestro equipo. Si bien recuperábamos a Esteban (nº 13), no podía venir a jugar Chico (nº 7) nuestro único base. Y, para colmo, Fran (un cadete que recién subíamos a los seniors, ante la falta de seriedad de los demás juveniles) y que podía reemplazarlo en la base, tampoco vino. Lo suplantamos con Alfredo (nº 9), un ex base devenido en alero por la edad y el peso. Y se sintió en la mecánica, en la dinámica y en la velocidad del equipo. Se ganó un poco en aplomo. De ellos conocíamos muy bien a su nº 5 que siempre jugaba muy bien contra nosotros. De hecho nos hizo 21 puntos de los 58 de su equipo, el 36 % de los puntos exactamente. Curiosamente jugó mejor cuanto más lo marcábamos, tuvimos que recurrir al cuadrado en zona y hombre para este jugador.
Esta vez a Luis Enrique, con 20 puntos, lo acompañó Alfredo con 17. Valoramos mucho a Chico en su ausencia, en especial Alfredo que estuvo los 2 días posteriores extremadamente cansado por el esfuerzo. Nuestro porcentaje de lanzamientos libres subió al 73,91 %, y convertimos 9 triples. A pocos minutos para el final del partido, un frío helado recorrió todo mi cuerpo, Luis Enrique (un joven veterano, gran tirador de 3 y tiros libres, muy útil para el contragolpe y una referencia para todo el equipo) en una penetración se trabó el tobillo con un rival y quedó tendido en el suelo. Él no es de hacer teatro, así que pensé lo peor, queriendo que no sea más que un susto. El domingo al mediodía mi temor se confirmó en realidad, Alfredo (capitán y referente junto a Luis) me llama para decirme que a Luis lo habían enyesado y que tendría para 45 días en esa situación.
El sábado 15 de noviembre tendríamos que haber jugado contra Maristas pero se suspendió por la lluvia.
Quinta semana.
El 22 de noviembre nos encontramos jugando en Carmona, mejor dicho perdiendo en Carmona por 78 a 63. Retornó Chico al equipo, pero no estuvo bien. Nunca pudimos meternos en el partido, faltaba nuestro máximo referente en ataque (Luis Enrique). Nos costó ubicarnos y nuestros lanzamientos eran muy malos, incluso bajamos el porcentaje en los libres al 50 %. Regresa Cotán (Caraca nº 11) después de una larga recuperación de una rotura de ligamentos. Aunque no nos sirvió de mucho. Quizás lo único positivo fueron los 3 triples de Fernando Jaime (nº 5), otro jugador de primer año de seniors, muy irregular, con muchas aptitudes pero pocas actitudes positivas, un poco vago, pero ante la falta de elementos se presentaba como una de los pocas opciones.
Ellos parecían un equipo de otra categoría. Me sorprendió gratamente. Excelente nivel de juego, muy buen tiro exterior, con 4 jugadores destacadísimos. El nº 4, muy buen triplero y marcador. El 5 un jugador muy completo, muy buen jugador. El 11 imparable bajo los aros por su altura y el 15, un jugador excelente, con gran salto y tiro.
Cambiamos defensas, del hombre a la zona, de la zona a la combinada, pero no había forma de pararlos. Luis no sólo no estaba jugando, sino que además nos jugaba en contra. Cada jugador que tiraba al cesto parecía decir: yo no se hacer esto, el que lo hizo siempre es Luis Enrique. 5 partidos, 3 perdidos. Con este panorama, la clasificación era simplemente un sueño más. De esos sueños que no se cumplen, jamás.
Sexta semana.
Desde el preciso momento en que Luis Enrique se lesionó, comencé a buscar soluciones a una situación que parecía no tener respuestas. Entonces organicé una reunión para el lunes, no habría entrenamiento (no nos sobraban las horas de cancha, pero consideraba fundamental que cada uno supiera qué “podía” y qué “debía” hacer). El sábado siguiente jugaríamos con Coria, uno de los equipos que peleaban por lo mismo que nosotros. Pero yo quería otra cosa, un cambio radical. En la actitud y en la ejecución de los movimientos.
Hablé con Mario Mouche, preparador físico de la selección Argentina que luego obtendría el oro en los JJOO de Atenas y viejo conocido por haber sido mi preparador físico en varias ocasiones en mi época de jugador, le pedí un plan de entrenamiento porque no estaba conforme con la actitud física de los jugadores.
En la reunión dejé en claro que más que nunca teníamos que ser y jugar en equipo, que sin jugar nuestros sistemas no llegaríamos a ninguna parte, no estaba Luis Enrique que solucionaba todo con un par de triples. El ánimo estaba por el suelo, los chicos no se animaban a hablar. Creo que tenían miedo, mucho miedo. Yo también lo tenía, quizás el que más, y encima ni siquiera podía darme el lujo de demostrarlo. Estaban Alfredo, José Manuel, Chico, Esteban, Jacob, Romario, Luis Miguel (un juvenil), Marcos (otro juvenil), Fernando y Fran. Los invité a soñar, les dije que a pesar de todo yo seguía convencido de nuestras posibilidades. Les conté que un año en Huracán de San Justo, siendo solamente 5 jugadores y un par de juveniles habíamos clasificado para las finales, una situación casi similar.
Sólo les iba a exigir que no abandonaran, que lucharan hasta el final.
Llegó el partido contra Coria en Olivares. Me preocupaban muchos jugadores pero uno en particular, el nº 5, su base. Él manejaba todos los hilos del equipo, además penetraba muy bien, asistiendo o definiendo bajo los aros. Chico lo marcó muy bien en el primer tiempo, sólo hizo 2 puntos. Chico con 13 y Jacob con 14, fueron los mejores en un partido horrible. Al menos lo ganamos (51 a 35) y por un buen margen por si había que definir con diferencia de goles. 6 partidos, 3 ganados, 3 perdidos.
Se siguió a rajatabla lo que pedí fundamentalmente en defensa, una zona 1-2-2 que se convertía en hombre si el 5 intentaba penetrar. Sin querer descubrimos nuestra arma en defensa, una zona 1-2-2 que nos daría muy buenos resultados.
Séptima semana.
Se suspendieron para nosotros los partidos, por lluvia o por fiestas, no volveríamos a jugar hasta el 20 de diciembre, en este caso contra Abato.
El 8 de diciembre me reuní en Sevilla con Mario Mouche. Lo invité a un hotel de la avenida Luis Montoto y estuve disfrutando de su compañía por 3 días. Le conté qué nos pasaba, y le dije “quiero tener a los chicos rápidos, fuertes y veloces”. No teníamos demasiado tiempo, pero el calendario jugó a nuestro favor. Planificamos en conjunto la actividad física con la técnica y estratégica.
El primer día los chicos estuvieron a punto de vomitar o de “morir”. No había duda que después de un tiempo de miedos, se pasó al extremo del heroísmo. Cada uno entregaba lo mejor de sí. Les pedí el esfuerzo de agregar media hora de entrenamiento. Mejorando día a día, a la base de los 5 titulares (Chico, Alfredo, Esteban, José Manuel y Jacob), se sumaban Caraca para reemplazar a alguno de los pivots, Romario y Fran (increíble el progreso y la ayuda que nos brindó este chico con 16 años, dio muestras de una gran experiencia, humildad y sentido de equipo).
En uno de los entrenamientos se suscitó un inconveniente, Jacob y Fernando Jaime no fueron al entrenamiento del día anterior y se lo recriminé a ambos. En ese momento éramos, ellos incluidos, 6 jugadores. Sin embargo no dudé un instante en echarlos a los dos. Jacob acató la orden y Fernando se quedó discutiendo, mencionó unas palabras muy hirientes hacia ellos mismos, diciendo que podía jugar en cualquier equipo y que no le quitaba el sueño jugar en Olivares. Lo sentí como un insulto. Hubiera preferido que me insultara a mí. La presidenta y el capitán intentaron llevar tranquilidad solicitando una reunión para sumarlos nuevamente al equipo. Yo no tenía ningún inconveniente siempre y cuando ellos le pidieran disculpas al equipo. Jacob, al entrenamiento siguiente, se presentó y delante de todos pidió perdón. Fernando por una cuestión de orgullo no quiso hacerlo. Ya no contó más para nosotros.
Alfredo rendía a un nivel superlativo. Le pedí que reemplazara a Luis Enrique en todo, sin dejar de hacer lo suyo. Tenía que marcar al mejor jugador rival, ayudar en el equilibrio defensivo a Chico, correr el contragolpe y tirar de 3, y encestar!!!!!!!!
Contra Abato comenzó a aparecer el Alfredo que yo quería, hizo 17 puntos y lideró el equipo en todos los aspectos, fundamentalmente, el anímico. Ellos también peleaban los puestos de clasificación. Logramos ganarles pero no devolverles la paliza de la primera ronda, amén de la diferencia de goles que les pertenecía. Por primera vez teníamos un balance favorable, 7 partidos, 4 ganados, 3 perdidos. Sería posible seguir soñando???
Octava semana.
No podíamos darnos el lujo de tomarnos las clásicas vacaciones navideñas. Menos luego de lo bien que estaba marchando todo, el estado físico mejoraba, el juego del equipo era por momentos muy bueno, el nivel de juego de los chicos subía individualmente y NO podíamos aflojar.
Entrenamos los miércoles 24 y 31 de diciembre hasta las 20 horas, algunos tenían temor de no llegar para las uvas...
También lo hicimos los sábados, pero más intenso, como si fuera un partido. Teníamos hambre de victoria. Queríamos probar llegar. El domingo 11 de enero fuimos al club Natación con mucho cuidado. Con tanto cuidado que sólo fuimos 7 jugadores. Algún rival se atrevió a reírse de nosotros.
Ampliamos la ventaja de a un punto o dos, por cuarto. Hasta llegar al minuto 6 del último cuarto ganando 57 a 54. Había salido por 5 faltas Chico. Misteriosamente, no nos presionaron. Hacía rato que quería cambiar de defensa. Y ellos no supieron como atacar nuestra zona 1-2-2. Al terminar el partido Esteban me felicitó por el cambio de defensa, le di mis motivos. Jacob con 20 y Alfredo con 16, las figuras. Mejoramos los libres 67,74 %.
Los rivales ya no se reían tanto.
8 partidos, 5 ganados, 3 perdidos.
Novena semana.
Seguramente este partido marcará un punto de inflexión, un antes y un después. Tanto ellos como nosotros nos jugábamos la posible clasificación. El 14 de enero salimos muy temprano desde Sevilla, para llegar a Lebrija con más de una hora de anticipación a la hora del comienzo del partido para jugar un partido suspendido de la primera ronda.
El año pasado en la misma cancha perdimos luego de una gran remontada de ellos faltando muy poco para terminar. El equipo titular era el mismo, Alfredo, Chico, Esteban, Jacob y José Manuel. Teníamos 2 preocupaciones pintadas de jugadores, el nº 11 y el nº 5 (como siempre).
Continuamos en la línea de la marca hombre a hombre, con un gran despliegue físico sustentado en nuestra, ahora, muy buena preparación. Aunque lo que nos dio la victoria fue una defensa increíble sobre el nº 5, y la poca cantidad de faltas que estábamos cometiendo en los partidos. Ellos hicieron 32 faltas, y nosotros 19. Perdimos el primer tiempo 36 a 32, y al término del tercer cuarto perdíamos por 7, 63 a 56. Entonces, Alfredo (13 puntos en este cuarto y 27 en todo el partido) y Chico (10 puntos en este cuarto y 15 en todo el partido) decidieron que era el momento, empezaron a apretar en defensa y sobre todo en ataque, se les ganó el último cuarto por 14 puntos (30 a 16) para terminar ganando el partido 86 a 79.
Todo el equipo jugó muy bien, José Manuel que con sus escasos 186 centímetros peleó todo el año contra jugadores mucho más altos que él, hizo 18 puntos en una actuación notable. Fran hizo 6 puntos pero todos en momentos muy difíciles, como su último doble que nos sirvió para empatar en 63. El otro día casualmente nos encontramos con uno de los árbitros del partido y todavía se acordaba de aquél emocionante partido.
9 partidos, 6 ganados, 3 perdidos.
Décima semana.
Los jugadores quedaron muy agotados por la tensión del partido de Lebrija, así que sólo tiraron un poco al aro el día viernes y elongaron sus músculos para prepararse para otro partido trascendental.
El sábado 17 de enero, contra Gelves en nuestra cancha. El día no comenzó bien. Cerca de las 13 horas me llama la mamá de Jacob para decirme que su hijo estaba en cama, con muchos dolores y con fiebre causados por una Otitis, los antibióticos no lograron calmarlo y lógicamente, no vino al partido. No teníamos ningún jugador que pudiera reemplazarlo, ni por su altura, ni por estilo, ni en la capacidad rebotera. Existían solo 2 posibilidades de reemplazarlo, Romario ayudando en la base a Chico y desplazando a Esteban al pívot o poner a Caraca directamente en reemplazo de Jacob.
Romario se merecía una oportunidad, estaba con nosotros desde el año anterior y siempre había rendido maravillosamente, a pesar de ser juvenil en aquel momento. Jugaba muchos minutos, porque marcaba muy bien, sorprendía robando pelotas, corriendo el contragolpe y encestando algunos triples, un jugador muy estimado por mí. Su rendimiento físico era increíble. Alguna causa lo estaba marginando del gran papel desempeñado. Un motivo era que, por estudios, solo podía entrenar un día a la semana. Pero yo creo que Fran lo intranquilizaba, éste le había robado el lugar de ser el benjamín del grupo, y comenzó a sentir celos, se notaba en los entrenamientos y en los partidos.
Caraca también se merecía la oportunidad. Y por primera vez desde que entrenaba Olivares, no me sentía seguro con el equipo titular, con la designación del quinto jugador. Caraca hasta antes de su lesión (en los últimos partidos del año anterior), era titular, después de un comienzo dubitativo se había hecho de un lugar en el equipo, quizás no en su puesto habitual, sino de pívot y rendía muy bien. Pero había vuelto, ya comenzada la temporada y su estado físico dejaba mucho que desear.
Romario, Esteban, chico, Alfredo y José Manuel salieron golpeados y dormidos a jugar. Golpeados porque no podían creer que ocurriera lo de Jacob, el único pívot en condiciones de pelear mano a mano contra la defensa de Gelves. Dormidos, quizás por el magnífico partido del miércoles. Romario cumplió aceptablemente. Marcó bien, atacó regular y a los 8 minutos fue reemplazado por Caraca. Perdíamos el primer cuarto 22 a 15.
Un gran segundo cuarto, en defensa fundamentalmente, en donde nuestros rivales solo hicieron 6 puntos, nos permitió pasar a ganar el primer tiempo 32 a 28. Caraca fue factor determinante con un triple, y varias penetraciones hizo 11 puntos en 12 minutos. El partido se hacía cada vez más vibrante, Luis Enrique desde la tribuna alentaba hasta quedarse mudo junto a una gran cantidad de público. Empatamos. 56 a 56, luego los chicos me contarían que les costaba mucho ganar en esas situaciones, con jugadores importantes fuera, en tiempo suplementario. Pero ahora se estaban haciendo hombres dentro de la cancha. Sabían lo que tenían que hacer, en cada momento, cuando tirar, cuando pasar, cuando esperar, cuando apretar, cuando ganar...
Chico con 17 puntos, Caraca con 16, Alfredo con 12 y Fran con 7 puntos, otra vez en momentos importantísimos entraba y anotaba, tomó 2 rebotes fundamentales y estaba mejorando día a día en la marca. Esteban se mató en los rebotes y en la marca, y convirtió 7 puntos, al igual que José Manuel quien convirtió 9 puntos pero se hizo con muchos de los rebotes. Nuevamente una de las claves estuvo en las faltas, ellos cometieron 37 y nosotros 21. Les ganamos y seguíamos en racha, llevábamos 5 partidos sin perder. De todas formas no los quería volver a ver, Gelves era un equipo muy peligroso, rogaba porque no nos tocara nuevamente, salvo en la final. Allí a un partido sería diferente.
10 partidos jugados, 7 ganados, 3 perdidos.
Décimoprimera semana.
De la tristeza pasamos rápidamente a la algarabía. Después de Gelves, se acercó a mí Luis Enrique para preguntarme qué le había hecho a los chicos. Todos, incluidos él y yo, pensamos que sería muy difícil levantar todas esas situaciones adversas, sobretodo porque teníamos un plantel sumamente reducido. Pero como decía al comienzo de esta semana, habíamos pasado muy rápidamente de la tristeza a la algarabía, y debíamos pagarlo.
El miércoles 21 de enero de 2004, jugamos en nuestra cancha contra Maristas, un partido suspendido. No me gustaba tener que jugar sin, casi, poder entrenar. Los chicos venían muertos a los entrenamientos y sólo podía recuperarlos para el partido siguiente, y eso nos pasó el lunes. Nadie podía levantar las piernas después de semejante esfuerzo de los 2 partidos anteriores. El partido comenzó con displicencia de nuestra parte. Volvió Jacob, pero hizo 2 puntos en todo el primer tiempo, errando muchísimas situaciones debajo de los cestos. Romario fue titular nuevamente porque no quería que se sintiera usado, además lo necesitaba.
El único que parecía estar en el partido era Esteban. Un jugador con condiciones increíbles. Capaz de jugar en todas las posiciones y hacerlo muy bien. Falla en su carácter, se pelea mucho con los rivales y con él mismo. Puede marcar a un pívot o a un alero, o al mismo base sin problemas. Normalmente lo anula. Con un tiro muy extraño pero efectivo, penetraciones llenas de problemas para la defensa contraria, se convirtió en nuestra arma de goleo en el primer tiempo con 14 puntos (de 27 que hizo todo el equipo).
Ellos sabían muy bien que hacían. Tenían una jugada que no podíamos frenar. Después de hacer un aclarado jugaban la pelota al poste bajo y el que la tiraba la encestaba, así de fácil. Lo intentamos todo. Marcar por adelante, por el costado, 2 hombres a ese jugador, defensa en zona, pero nada. Nos sacaron 16 puntos a 30 segundos para terminar el tercer cuarto, que terminó finalmente, por 15 a su favor 52 a 37. En 4 minutos nos habíamos puesto a 3 puntos, 54 a 51 a favor de ellos. Desperdiciamos un montón de oportunidades y cuando esto ocurre, ya se sabe el resultado. Jacob con 17 (pudo haber hecho 40), Esteban, que terminó con 16, y sobretodo Alfredo que estaba a un nivel superlativo con 25 puntos fueron nuestros goleadores. A pesar de no haber hecho muchas faltas, esta vez el rival nos ganó bien. Ellos cometieron 30 faltas y nosotros 18. Perdimos por 4 puntos. 73 a 69.
11 partidos jugados, 7 ganados, 4 perdidos.
Décimosegunda semana.
La revancha llegaría muy pronto. Ese mismo sábado 24 de enero, en su cancha, nos volvimos a enfrentar a Maristas. Estaba un poco caliente y los jugadores lo sabían. Tampoco me preocupé en ocultarlo. Maristas aparecía, con varios partidos suspendidos, como uno de nuestros grandes enemigos a la hora de clasificar, así que no sólo teníamos que ganar, sino hacerlo por más de 4 puntos. Salimos como una tromba, dispuestos a comerlos crudos, ganamos el primer cuarto por 11 puntos y nos fuimos al descanso del primer tiempo con una ventaja de 9 puntos.
Ellos no pudieron repetir el mismo partido del miércoles, les pesaba la responsabilidad de saber que tenían que ganar. Prácticamente jugamos todo el partido con 5 jugadores, Jacob (10 puntos), Esteban (6 puntos), Chico, Alfredo y José Manuel (con 17 puntos cada uno). Creo que fue la única vez que ocurría esto.
También por única vez, marcamos hombre a hombre desde el principio hasta el final. Hubo mucha diferencia en las faltas, nuevamente, 30 de ellos contra solo 11 nuestras. Aún así, en el minuto 4 del último cuarto estábamos empatados en 55. Se estaba notando nuestra diferente preparación física, porque en todos los últimos cuartos jugábamos mejor que nunca.
Ganamos 67 a 59. Obteníamos la ventaja frente a Maristas pero lográbamos algo más importante todavía: una clara sensación de equipo duro. Cuando llegué a Olivares, me sorprendía lo bien que jugábamos en casa y lo mal que lo hacíamos fuera. Cambiar esto era una de mis metas. La otra era quitar esa maldita costumbre de discutir con los árbitros, con o sin razón hasta que todos nos íbamos del partido. Desde mi punto de vista, estos dos cambios, fueron factores desequilibrantes en nuestra campaña.
12 partidos, 8 ganados, 4 perdidos.
Décimotercera semana.
El 4 de febrero de 2005, llegó uno de los mejores equipos que habíamos visto hasta el momento, Carmona. Aunque vino disminuido, faltaba el nº 15.
El partido lo comenzamos muy nerviosos, y prácticamente nos pasaron por arriba en el primer cuarto. Fran, el cadete, había entrado de titular, esta vez en reemplazo de Esteban, que no había venido. Increíblemente era el único que mantenía el criterio de defender correctamente y atacar de la mejor forma posible, e hizo 6 puntos, la mitad de nuestros puntos. Tal es así, que lo puse de ejemplo frente a los demás. Luego jugamos de a ratos y por rachas, Fran terminó con 8 puntos, Jacob metió 9 puntos en el segundo cuarto, Luis Enrique hizo 17 puntos consecutivos, desde los 42 a los 59 fueron sólo de él. Alfredo con 14 puntos, estuvo irregular. Carmona fue el único equipo que nos ganó las 2 veces.
Esto finalmente nos benefició, una derrota inesperada de Gelves, dejaba a Carmona como primer clasificado, Gelves quedaba segundo y nosotros terceros, con lo cual compartiríamos la zona con Carmona, Unión de Gilena y Comelec. Otro de los objetivos estaba cumplido, no estar en el mismo grupo de Gelves. El partido terminó 71 a 66.
13 partidos jugados, 8 ganados, 5 perdidos.
Décimocuarta semana.
Todo marchaba bastante bien, estábamos clasificados. Aunque yo seguía muy tenso. Mi nerviosismo se basaba en que no podía relajarme ni un segundo, porque los males continuaban. Esta vez era Esteban el que, una vez más, no podía presentarse a jugar, una gastroenteritis nos dejaba sin una pieza fundamental en nuestro esquema defensivo.
Esteban es un alero de 185 centímetros con gran habilidad para penetrar, muy buen dominio del dribbling, un tiro extraño, casi con dos manos y por sobre su cabeza, pero bastante efectivo, es un buen conocedor del juego. Sabe jugar tácticamente. Aunque quizás lo que más valore de él es su predisposición para jugar en todas las posiciones del equipo, sabiendo hacerlo bien en todas ellas. Es un gran defensor, una virtud difícil de encontrar. Parece disfrutar de anular a algún rival. Tuve que trabajar mucho en su parte anímica y psicológica, seguramente su punto débil, demasiado débil.
Como contrapartida reaparecía Luis Enrique. Esto representaba una gran alegría y a la vez, una gran duda. La alegría lógica por recuperar a un excelente tirador, poder tener una opción más de reemplazo y una persona más para entrenar. Luis Enrique es una de las personas que no faltan a los entrenamientos. La duda era cómo podía tomar el grupo su reaparición. Alfredo había tomado su posta en la función de tirador y no sabía si esto continuaría así.
El 7 de febrero de 2005 fuimos a Coria, con una gran ilusión. Teníamos que ganar para no depender de nadie en la clasificación. Ellos marcaron hombre al comienzo, pero rápidamente optaron por defensas zonales 2-1-2 y luego 3-2 debido a nuestra gran efectividad desde los lanzamientos de 3 puntos.
Tampoco tenían muchos efectivos y rápidamente se cargaron de faltas. Entre Chico, Luis Enrique y Alfredo se encargaron de encestar 14 triples. Llevábamos muy bien el partido, al comenzar el último cuarto ganábamos por 7 puntos, 62 a 55.
Apelando más a la garra que al buen juego, Coria nos alcanzó rápidamente. En el minuto 7 y después de 2 triples consecutivos, estábamos 7 puntos arriba, 77 a 70. Pero con 2 dobles, 1 triple y un doble más lanzamiento se pusieron ellos por delante 80 a 77. Pedí un tiempo muerto para calmarlos y preparar una jugada, que finalizó con dos tiros libres encestados por José Manuel y nos poníamos a 1 punto. El 15 de ellos encestó un doble y se pusieron a 3 a falta de pocos segundos para terminar.
En una jugada nuestra, la tuvo Chico para tirar, pero no pudo, buscó a Luis Enrique y no lo encontró, y encontró a Alfredo en la esquina derecha de nuestro ataque, amagó penetrar, su rival se resbaló y con una frialdad propia de un goleador nato, dio un paso hacia atrás para colocarse por detrás de la línea de 3 puntos, y encestar.
En el suplementario los barrimos, por diferencia física básicamente, 18 a 3 y terminamos el partido 100 a 85. Quedamos muy satisfechos por el partido ganado, la clasificación y por haber podido enmendar un error.
Al finalizar el partido, el entrenador de Coria, muy cortésmente, me preguntó por nuestra forma de entrenar y cómo hacíamos para encestar tanto de 3. Por fin, la gente comenzaba a preocuparse por Olivares.
14 partidos jugados, 9 ganados, 5 perdidos.
Decimoquinta semana.
Fue tan rápida la transición, de la alegría por la clasificación a la nerviosa presión de intentar “algo más”, que simplemente no tuvimos tiempo de festejar nada. Los quince días de descanso, entre el último partido jugado hasta este primero de la zona por ascender, los utilizamos para recuperar a los jugadores, repasar nuestros sistemas de ataque y de defensa, y ponernos a punto en la parte física y anímica.
Sólo una cosa quise dejar bien aclarada, habíamos cumplido otra de nuestras metas y sólo nos quedaban 7 partidos para ser campeones. No terminé de decir esto que ya me estaban diciendo que estaba equivocado, sin embargo yo sabía que teníamos algunas opciones. Y hacia allí apuntaríamos.
El 21 de febrero de 2005, fuimos a Unión de Gilena. Recuperamos a Esteban, que no había jugado los últimos 2 partidos, pero el que no vino fue Jacob. A esta altura de los acontecimientos ya estábamos acostumbrados a este tipo de inasistencias y por supuesto ya casi ni le prestábamos atención.
Al comienzo del partido ellos marcaron hombre. Como le encestamos 5 triples en el primer cuarto, y tenían pocos hombres decidieron pasar a una zona 3-2. Les dio resultado porque se fueron al descanso del primer tiempo ganando 44 a 38. Ellos tenían 3 hombres muy importantes, el 4 su base, el 15 un alero y fundamentalmente el 10 un pívot excelente. Entonces tomamos la decisión de correrlos por toda la cancha, como solíamos hacer, para ahogar al pívot en un ritmo frenético que no le permitiera estar en defensa para cuando atacáramos y que cuando él llegara a su ataque no tuviera la frescura para poder decidir en el 1 contra 1.
Para esto era fundamental Chico, el base. Él era el motor de nuestro equipo. Un arma que se fue convirtiendo en letal a medida que comprendió su función. Un jugador espléndido, con gran dominio del dribbling, una buena visión de lo que acontecía en la cancha, una penetración formidable (aunque a veces fallaba en la definición), un tiro cada vez más certero y una marca que se acercaba a la pretendida. Bastaba con que gritara Chico: “corré”, para que Chico comenzara un contragolpe aún después de que el equipo contrario nos haya encestado alguna canasta. Ganamos el tercer cuarto por 6 para empatar en 58 puntos. Faltando 5 minutos para terminar y con el pívot de ellos completamente cansado, el referente máximo de Gilena era su base, y para él también teníamos algo preparado: 4 en zona y hombre para él.
Entonces, en otra gran tarea del equipo en general y de Alfredo (27 puntos), José Manuel (18 puntos), Chico (14 puntos) y Fran (11 puntos, otra vez tengo que resaltar el oportunismo de este niño cadete que encestó un triple y 2 tiros libres al termino del primer cuarto para irnos ganando 25 a 22. Luego encestó otro triple para empatar en 58 al termino del tercer cuarto, y otro triple más para pasar al frente por 71 a 70 faltando muy poco para terminar el partido) en particular, nos volvimos con la victoria. Victoria que encendía nuestra ilusión.
15 partidos jugados, 10 ganados, 5 perdidos en el cómputo general. 1 – 0 en esta ronda. Bien, muy bien.
Decimosexta semana.
Según algunas versiones que pude capturar de mis amigos, entrenadores que se habían enfrentado a Comelec en la otra zona, éste era un equipo peligrosísimo. Así, nos encontramos el día 6 de marzo de 2005, al borde de la cancha listos para enfrentarnos al gran monstruo, con las ausencias de los juveniles que tenían que jugar un partido importante. Sencillamente extrañaba la presencia de Fran, un jugador que había comprendido su rol dentro del equipo y lo aceptaba muy a gusto, haciendo partidos notables.
En este caso, Esteban (10 puntos), Chico (12 puntos), Caraca, Alfredo (18 puntos) y José Manuel (10 puntos), serían los titulares. Pero desde el banco de suplentes llegaron Luis Enrique (26 puntos, 6 triples) y Jacob (15puntos) para darnos una gran mano. El partido fue muy disputado y parejo, sólo llegaron a sacarnos 7 puntos de ventaja en el minuto 2 del segundo cuarto, 29 a 22.
Aunque hay que reconocer que siempre estuvimos perdiendo. Pasamos al frente a poco de terminar el partido 76 a 75, el nº 15 de ellos tuvo el triunfo en sus manos, pero falló el segundo tiro libre y fuimos a suplementario, una vez más en este año con partidos tan disputados.
Otra vez hubo una notable diferencia en las faltas cometidas, ellos 28, nosotros 18, y quizás esa haya sido una de las claves del triunfo. Ellos perdieron a 3 hombres importantes, y se notó en el suplementario.
Jacob, debajo de la canasta, nos puso adelante ni bien comenzó. Ahora eran ellos los que nos corrían a nosotros. Luis Enrique metió un triple y todos los demás puntos (10, exactamente) los hicimos con tiros libres, fallando solamente 2 para un porcentaje del 83,33 %, excelente.
Estaba muy orgulloso de mi equipo. Sentía una sensación de imbatibilidad, y se lo decía a los jugadores. Ellos querían ser algo más. Campeones? Por qué no?.
16 partidos jugados, 11 ganados, 5 perdidos.
Decimoséptima semana.
El 13 de marzo de 2005, fuimos a un festival de triples en la cancha de Carmona. 15 triples convertidos entre Esteban (2 triples y 11 puntos en total), Luis Enrique (3 triples y 15 puntos), José Manuel (2 triples y 15 puntos), Alfredo (4 triples y 25 puntos) y Chico (4 triples y 25 puntos).
Un partido memorable, lleno de incertidumbre y de cambios constantes en el marcador. El empate en el marcador en 85, nos llevaba a otro partido con suplementario. Y como todos los otros, lo ganamos. Todo parecía muy fácil en los últimos minutos. Así como parecía muy difícil durante todo el transcurso del partido.
Había una conjunción de situaciones que nos llevaba a ganar los partidos, como los viejos boxeadores, que sin potencia para noquear al rival de un solo golpe, lo hacían lentamente, golpe a golpe, sumando pequeñas diferencias que al final le daban la victoria por apenas uno o dos puntos.
Nuestra preparación física hecha casi siempre al final de cada entrenamiento, nos daba un plus de energía en el final de cada partido. El hecho de cometer pocas faltas nos permitía jugar los instantes finales con todos nuestros titulares. La valentía de estos jugadores que fueron interpretando toda una forma de sentir y vivir el baloncesto. La inteligencia para obedecer y el desparpajo para desobedecer, las órdenes en los momentos más apropiados. Todo eso, hizo de Olivares un gran equipo.
En este partido, por primera vez, utilizamos una defensa zonal 1-2-2 en donde el 1 era el hombre que, cada vez que la pelota iba debajo de los cestos al hombre alto de ellos, participaba de un doble marcaje al pívot. Este trabajo, con extremada solvencia, lo realizó Esteban. También utilizamos una defensa personal. Hicimos en un momento importante del partido unas cuantas defensas combinadas, cuadrado y 1 y triángulo y 2. Donde generalmente, eran Chico y Alfredo los encargados de las marcas individuales. Ganamos. Y nadie lo creía.
17 partidos jugados, 12 ganados, 5 perdidos.
Decimoctava semana.
Sábado, 20 de marzo de 2005, nos visitaba Gilena. Tuvimos un partido tranquilo. 23 a 15, al final del primer cuarto. 40 a 25 al final del primer tiempo. 60 a 41 en el final del tercer cuarto. Para un final de 81 a 57. Alfredo volvió a demostrar toda su calidad con 18 puntos, Luis Enrique le siguió con 17. Fue el primer partido en donde convirtieron los 10 jugadores que ingresaron. Casi yo diría que fue el primer partido que tuvimos 10 jugadores.
En una semana nos jugaríamos la posibilidad de la final, en Comelec. Llevábamos 5 puntos de ventaja por haber ganado en nuestra cancha. No eran muchos pero encendía nuestra esperanza.
18 partidos jugados, 13 ganados, 5 perdidos.
Décimonovena semana.
Era miércoles. Y quedará grabado en mi memoria este partido mientras viva. Todo lo que no debe hacerse, se hizo. Sé, positivamente, que en cada victoria de nuestro equipo tuve un 10% de influencia. Pero en esta derrota todo fue culpa mía.
No supe, desde el comienzo, apartarlos del enjambre de situaciones que ellos nos prepararon. Nos entregaron la cancha, apenas 5 minutos antes del comienzo del partido. Los árbitros también participaron de esta situación y nos hicieron entrar en una discusión que no favoreció en nada al desarrollo del partido.
Antes, nos “facilitaron” una cancha de minibasquet para poder entrar en calor, mientras ellos lo hacían en la cancha en la que se iba a jugar. Los jugadores estaban nerviosos, no los supe tranquilizar. Jacob había bajado su rendimiento, como si le pesara jugar el tipo de partidos que estábamos jugando, quizás sus 18 años influyeron, no lo supe neutralizar, motivar, hacerle ver lo importante que era para nosotros. Arrancó desde el banco.
Ninguno de nuestros tiradores pudo encontrar el timming necesario para encestar. Chico arrancó perdido, y no lo supe hacer reaccionar. No hubo partido. Ni siquiera Alfredo podía mantener su gran nivel de todo el año, sumergido en la vorágine de todo el equipo. También fue culpa mía. No fue partido en ningún momento, y al final, el resultado lo dice todo Comelec 93, Olivares 66. Mucha diferencia, la misma que hubo en la cancha. El problema no era haber perdido. El problema era que nos quedábamos sin la final. Y había unas palabras de un jugador que me rondaban la cabeza.
A partir de este partido, justamente éste partido, se comenzaría a hablar que hubo unas cuantas batallas ganadas, difíciles, pero que sólo ésta batalla perdida fue, lamentablemente, más importante. Todos nosotros, solamente todos nosotros (los jugadores y yo), manteníamos viva la ilusión de llegar a la final. En realidad, ni siquiera ellos mismos (los jugadores) creyeron demasiado en mis palabras. Creo que no se tuvieron fé. Y la culpa, también fue mía.
Qué difícil fue pararme en el vestuario al final del partido para hablarles. Las lágrimas no me permitían ver, ni pensar. José Manuel había dicho que “finalmente se iba a retirar y nunca saldría campeón”. Quise abrazarlo y decirle que él era un campeón por el esfuerzo que había hecho, por entrenar hasta tan tarde y levantarse a las 6 para ir a trabajar, pero no podía pensar.
Todos eran campeones, campeones de la vida. Habíamos transformado un equipo que dos años antes se había salvado del descenso, en otro que estaba luchando por el campeonato. Apenas pude decir un puñado de palabras para explicar lo inexplicable. Quise abrazar a cada uno, porque me enseñaron muchísimo, y simplemente apenas pude agradecerles con algunas palabras.
19 partidos jugados, 13 ganados, 6 perdidos.
Vigésima semana.
Del miércoles a este sábado 3 de abril, no nos habíamos visto con los jugadores. Aún había una mínima posibilidad, remota en realidad, que Gilena le ganara a Comelec y nosotros le ganáramos a Carmona y pudiéramos clasificar para la final.
Casi todo el partido, salvo un pequeño periodo del tercer cuarto, ellos fueron adelante en el marcador. Entramos en el minuto 9 ganando ellos por 3 puntos pero un triple de José Manuel nos colocó 74 iguales. Ellos contestaron con un triple, y Esteban encestó el segundo tiro libre y nos poníamos 2 abajo. Caraca convierte debajo del cesto y empatamos. José Manuel mete otro triple increíble y nos vamos 3 arriba. El 10 de ellos convierte el segundo tiro libre y están a 2 puntos. José Manuel convierte el primero de dos tiros libres, suficiente para ganar 81 a 78. Más allá de estos triples José Manuel fue la figura de la cancha, era casi el único que estaba en el partido y lo corroboró con 25 puntos. Excelente.
El equipo jugó dormido todo el partido. Aún pensando en la oportunidad perdida. Parecía que jugaba a velocidad de crucero y sólo en algunos momentos del partido se permitió acelerar. Se ganó. Nosotros cumplimos y ahora sólo restaba esperar el resultado del partido. Llamé con mi móvil a Gilena para conocer el resultado, faltaban apenas unos segundos y la diferencia era indescontable. Jugaríamos por el tercer puesto y no era malo. Hacerlo por el primero hubiese estado mejor.
20 partidos jugados, 14 ganados, 6 perdidos.
Vigesimaprimera semana. Tercer y cuarto puesto.
Antes de llegar al estadio de Gelves sabía que éste sería el último partido que yo dirigiría a Olivares. No me interesaba que ellos lo supieran, todavía quería ganar y demostrar que hubiésemos podido ganar. A cualquiera, en cualquier lugar, y cuando fuera. Íntimamente me gustaba que fuera en Gelves, quería escuchar el precioso sonido que produce el silencio.
Solamente pensaba en eso, en el silencio del público, y también quería ver la cara del entrenador rival, que me dijo al llegar muy sonrientemente: “qué lástima que les tocó contra nosotros”.
Empezamos como un ciclón arrasando todo lo que se nos ponía delante, en particular en el segundo cuarto en donde llegamos a sacarles 16 puntos, pero incomprensiblemente dejamos de hacer lo que tan bien estábamos haciendo: presionarlos en la marca, seleccionar los lanzamientos. Pero en pocos minutos tiramos la ventaja que tanto nos costó conseguir.
La charla en el entretiempo no tenía que ver con el baloncesto, sino más bien con la valentía, con el saber si estaba frente a 8 hombres (Luis Enrique y Fran no vinieron, ésta vez no había un motivo que lo justificase, y sinceramente me sentí muy dolido), o frente a 8 niños. El partido continuó parejo todo el tercer cuarto pero a partir de allí todo fue nuestro, con una defensa combinada y con contragolpes mortíferos la victoria cayó de nuestro lado.
En defensa todos jugaron excelentemente bien. En las distintas defensas zonales, en el hombre a hombre e incluso en la combinada 4 en zona y 1 en hombre nos salió espectacularmente bien.
Esteban con 13 puntos, José Manuel con 9 puntos, Chico con 22 puntos y especialmente Alfredo con 34 puntos (cerrando un año excelente) cumplieron a la perfección (salvo los errores del segundo cuarto), en todo lo que les solicité.
Quiero ser entrenador profesional. No sé si lo conseguiré. Sólo sé que jamás me olvidaré de este grupo de hombres que me enseñaron, me ayudaron y me hicieron sentir uno más, en todo momento.
Tenía razón el entrenador de Gelves: “Qué lástima que les tocó contra nosotros”.
21 partidos jugados, 15 partidos ganados, 6 partidos perdidos.

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